sábado, 27 de agosto de 2022

El quehacer olmeca

Casi desde que inicié el blog tengo en pendientes contarles de cuando me puse a tejer una cabeza... vamos de lleno al asunto.

Todo empezó cuando un cliente me pidió que tridimensionara el logotipo de su tienda, si viven en México seguramente habrán visto alguna, es la representación en imagen de una muñeca sexual inflable, que además, remite a geishas, en blanco y rosa... bueno ya, sí hago el anuncio, Erotika Lovestore 😅



Lo primero fue hacer una propuesta para saber si lo que yo pensaba y lo que él quería coincidía, y después de algunas cuantas llegamos a un acuerdo. Como quería una cabeza casi de tamaño natural lo primero fue hacer un modelo a escala antes de empezar con el proyecto serio y ver si estábamos en sintonía. 

Fue un buen reto para calcular vueltas, puntos, materiales y sobre todo el material para rellenar, porque para que se sostuviera bien y no se fuera la cabeza de cabeza, en el cuello tenía que tener un relleno más pesado y aligerarlo conforme subiera.

Mientras tejía, al principio, todo normal, tranquilo, sin contratiempos, pero conforme avanzaba eso iba siendo de volumen cada vez más importante, para que el tejido se mantuviera limpio a pesar de la manipulación, conforme avanzaba lo envolvía en plástico de cocina y era esculpir a ciegas del centro hacia afuera. Ya que la cabeza estuvo terminada hasta el cuello, tocó entonces trabajar en el pelo, que si la cabeza fue grande, el pelo todavía tenía que ser más, sin olvidar en ningún momento mantener las proporciones...  Ya no sabía si estaba tejiendo, esculpiendo o podando un árbol en formas geométricas y mientras tejía pensaba que así debían sentirse los olmecas al esculpir las cabezas en piedras, girando en torno a ella, pensando aquí va a ir un ojo, acá va el otro...



Pues seguí girando alrededor de la cabeza, después de que el pelo quedó terminado, tocaba ajustarlo, que fuera alto, que tuviera volumen, simetría, que no se ladeara. Luego a darle personalidad de muñeca inflable sexy, respetando otra vez las proporciones del logotipo, el collar, los microdetalles (como una chaquira transparente en la punta de cada pico del collar para darle un brillo extra). 

Fue un trabajo que me tomó cerca de un mes terminar y si yo me sentía más inflada que muñeca de orgullo por el resultado, no me imagino cómo se sintió aquél olmeca de quien no conocemos el nombre después de terminar una cabeza de 3 metros.


Así quedó el resultado, pero si quieren verla en vivo y a todo color, la galería personal de arte de Artrocitos donde se exhibe esa cabeza está en Horacio 400, Polanco. 





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